La 8.a cena de los cineastas anual previa a los BAFTA

Pocas instituciones están más en consonancia con la vida cultural británica que los BAFTA. Para una Casa basada en la invención y en una cierta seguridad en sí misma tan inglesa, la colaboración resulta instintiva. En Bourdon House, nuestra emblemática casa de Mayfair, dunhill y BAFTA se reunieron una vez más para organizar la cena de los cineastas: una velada íntima que rinde homenaje a las mentes creativas que dan forma al cine británico hoy y a quienes definirán su futuro. En un momento en el que las artes necesitan tanto apoyo constante como aplausos, defender el talento cinematográfico nacional resulta tan apropiado como esencial.

En su segundo año, la colaboración va mucho más allá del propio evento. El núcleo de esta colaboración es BAFTA Elevate, un programa que apoya a cineastas de documentales y de contenido fáctico especializado que se encuentran a mitad de su carrera y provienen de entornos infrarrepresentados, a través de tutorías, clases magistrales, redes de contacto y una exposición constante en la industria Elevate no se centra tanto en el protagonismo como en la infraestructura: crear vías y garantizar que las historias que se cuentan en la pantalla británica sigan reflejando la amplitud y la sofisticación de la cultura contemporánea. Para dunhill, cuya historia siempre ha estado ligada a la innovación creativa, este compromiso con el fomento de las voces emergentes es algo natural y silenciosamente significativo.

La velada transcurrió con discreta tranquilidad. En Alfred's, la conversación fluyó entre generaciones y disciplinas: La nominada al Óscar Lesley Manville y el ganador del Emmy Brian Cox junto a los actores Jason Isaacs, Henry Golding, David Harewood y Marisa Abela; los nominados al premio Rising Star Archie Madekwe y Robert Aramayo en diálogo con los nominados al BAFTA Akinola Davies Jr, Harry Lighton y Cal McMau. Directores y productores como Joe Wright y Anna Higgs contribuyeron a crear una atmósfera definida por una creencia compartida en el poder cultural perdurable del cine británico.

El vestido de noche, naturalmente, desempeñó su papel. Los invitados lucieron trajes dunhill diseñados por el director creativo Simon Holloway, que reflejaban el lenguaje de la colección Otoño-Invierno 2026: una sutil tensión entre la compostura aristocrática y la creatividad desenfadada. Los azules medianoche desprendían una sutil intriga cinematográfica, evocando aquel Londres de los años 60 donde la elegancia se encontraba con la picardía, y la formalidad se llevaba con instinto en lugar de rigidez. La corbata negra se suaviza gracias a la textura y la disciplina tonal. La vestimenta de gala como una expresión de respeto hacia el oficio creativo.

La cena de los cineastas es testimonio del diálogo permanente entre la moda y el cine, dos disciplinas moldeadas por la narrativa y la personalidad. Juntos, dunhill y BAFTA continúan defendiendo el cine británico no solo en la alfombra roja, sino también detrás de las cámaras, donde se está escribiendo su futuro.