Perfiles de dunhill: Vasily Petrenko

              Dirigir es un arte de la paradoja. Exige precisión e imaginación, dominio y humildad, fidelidad a la tradición y disposición a la reinvención. Esas inquietudes se encuentran en el corazón de la colaboración entre dunhill y la Royal Philharmonic Orchestra (RPO), con la Casa como sastre oficial. La colaboración se celebró vistiendo a Vasily Petrenko, director de la orquesta, para el lanzamiento de su nueva temporada en octubre de 2025.


Pocos encarnan ese equilibrio con mayor elegancia que Petrenko, que ocupa su cargo desde 2021. Nacido en Leningrado y formado por la formidable disciplina de la Escuela de Música para Niños de la Capilla, su trayectoria le ha llevado de Rusia a los grandes escenarios de Europa, América y más allá. Sus actuaciones son famosas por su claridad y su energía, pero lo que más le define es una curiosidad insaciable, el deseo de hacer que cada obra, por muy conocida que sea, cobre un nuevo significado.

En la Bourdon House, la histórica casa de dunhill, Petrenko hizo una pausa entre ensayos para que le tomaran las medidas para un traje a medida diseñado para el escenario. "Le confeccionamos a Vasily un frac y unos pantalones en fresco negro", explica el sastre sénior de la Casa. "El cuello se ha bordado negro sobre negro con una flor de las nieves como guiño a la temporada dedicada a Mahler que celebra la RPO". Diseñado tanto para moverse como para lucirlo en ceremonias, el abrigo es "desestructurado y sin forro para que resulte lo más ligero posible", con cuello alto, corte delantero, sisas altas y pliegues en la espalda. Entre madera pulida y telas de sastrería, Petrenko habló de disciplina y colaboración, de la psicología del liderazgo y de la capacidad perdurable de la música para plantear las preguntas esenciales de la humanidad.

Ha dirigido algunas de las orquestas más prestigiosas del mundo. ¿Qué fue lo primero que le atrajo de la música?

"Mi madre. Cuando tenía tres años, me llevó a la Casa de los Pioneros. Me escucharon y me dijeron 'Este niño no tiene habilidades musicales'. Y creo que mi madre quería vengarse.

Dos años más tarde, me llevó a la escuela de música más prestigiosa, no solo de Leningrado, sino probablemente de toda la Unión Soviética: la Escuela de Música para Niños de la Capilla. La competencia fue enorme: 400 chicos para 25 plazas. Al final, solo ocho o nueve pudieron terminar. Yo lo conseguí.

Siempre me interesaron los distintos instrumentos, porque la voz es solo un instrumento. Tenía curiosidad por cómo funcionaba todo junto, cómo se podía formar una orquesta. Así que estudié dirección al mismo tiempo. Pero, ¿por qué música al principio? Probablemente por la venganza de mi madre".

Cómo describiría el papel del director a día de hoy?

"La mayoría de las personas piensan que los directores de orquesta solo están ahí para entretener visualmente. Pero imagina que tú y otras diez personas tenéis que decir "ah" al mismo tiempo. Sin un director, ¿cómo se haría? Ahora, imagina que cada uno debe decirlo con diferentes dinámicas, duraciones y tonos: se vuelve imposible.

La música es como Romeo y Julieta de Shakespeare: el texto fue escrito mucho antes de que naciéramos, y el director debe plasmar ese texto en sonido. Cuando lees una partitura, oyes cada instrumento en tu mente. Con las manos intentas trasladar ese sonido interior a la vida real y luego ajustarlo constantemente, porque los músicos son personas reales con sus propias ideas. Es un trabajo complejo; tres dimensiones que ocurren al mismo tiempo: escucharlo, plasmarlo y corregirlo.

Y lo que ves en un concierto es solo la punta del iceberg. Detrás hay muchos días de ensayo, perfeccionando los detalles para acercarse lo más posible a la partitura. A todo eso se suma la psicología. Los directores solían ser dictadores; Toscanini era conocido por ello. En la actualidad es diferente: somos compañeros. Mi función es ayudar a los músicos a sacar lo mejor de sí mismos, crear un ambiente positivo en un grupo de cien personas, algunas de las cuales pueden haber compartido pupitre con la misma persona durante treinta años. Es liderazgo, pero el liderazgo compartido".

Se convirtió en director musical de la Royal Philharmonic Orchestra en 2021. ¿Qué representa esta nueva temporada para usted y para la orquesta?

"Para mí, cada nueva temporada representa la siguiente etapa en la vida de la orquesta. Este año volvemos a adentrarnos en otros territorios. Mañana iniciamos una gira por Italia, Austria, Suiza y Alemania. Luego nos dirigiremos a Estados Unidos, principalmente a la costa este, y luego al Lejano Oriente.

Es la siguiente etapa de la orquesta para mostrar su excelencia al mundo. Pero no debemos olvidar a la gente de Londres, porque ese es nuestro público principal. La temporada ofrece algo para todos los gustos, desde los Proms cada septiembre hasta los conciertos en el Festival Hall, el Royal Albert Hall y el Cadogan Hall".


Esta temporada abarca tanto repertorio muy querido como nuevas obras. ¿Cómo aborda el equilibrio entre tradición e innovación?

"Es como la comida. Si solo comes dulce, te pondrás enfermo. Si solo comes salado, te pondrás enfermo. Una buena dieta aporta variedad; lo mismo ocurre con el alma.

Hacemos obras maestras y también piezas menos conocidas. Interpretamos A London Symphony de Vaughan Williams en los Proms, la Sinfonía n.º 2 de Sibelius, Strauss, música moderna. Todo el mundo puede encontrar algo interesante. No son solo éxitos de taquilla. Es deber de un director aportar variedad y dar una oportunidad a la nueva música".

Tanto dunhill como la RPO comparten el respeto por el legado y la modernidad. ¿Cómo ve reflejados esos valores en la música orquestal?

"Esa es la esencia de la música clásica: legado y modernidad. Mucha gente piensa que el arte clásico es algo completamente del pasado. Pero plantea preguntas eternas.

Acabo de dirigir la Sinfonía en do mayor de Stravinsky. Fue compuesta durante su última emigración en 1938. Cada movimiento fue escrito en un país diferente: Francia, Estados Unidos, Hollywood. Sabía que la guerra estaba a punto de estallar. La obra plante: ¿realmente la necesitamos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué principios morales tenemos? ¿Cómo prevalece el dinero sobre la vida?

Estas son las mismas preguntas que deberíamos hacer ahora. Toda gran obra de arte tiene algo relevante para la actualidad".

Qué significa para usted el Royal Albert Hall como artista?

"Fue la primera sala en la que actué en el Reino Unido, probablemente en 1988 o 1989, cuando formaba parte del coro. Cantamos música ortodoxa rusa. Todavía tengo recuerdos de aquella época.

Desde entonces he estado allí muchas veces. Es como el Coliseo para la música clásica. Los Proms lo convierten en el festival más grande del mundo, pero ha acogido de todo: películas, carreras de caballos, incluso boxeo. Para los músicos, actuar allí es como ir al Maracanã o al Santiago Bernabéu en el fútbol".

Dirigir es una actividad tanto física como artística. ¿Cómo se prepara antes de subir al escenario?

"Físicamente, corro o nado por las mañanas e intento mantenerme en forma, no como un atleta profesional, pero lo suficiente para estar bien.

Mentalmente, no paso horas navegando por las redes sociales. Mi tiempo es demasiado valioso. Lo utilizo para conectar con mis amigos, no para desperdiciarlo.

Antes de un concierto, necesito calma y silencio. Sin rituales, pero suelo planchar yo mismo el atuendo del concierto. Eso me tranquiliza y me asegura que no me molesten".